"Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol." Albert Camus, filósofo existencialista, escritor, Arquero de fútbol.
A lo largo de mis años como futbolista profesional y Licenciado en Filosofía aprendí básicamente que cada día tengo menos argumentos para poder brindar una explicación que se acerque a lo plausible-posible en determinados acontecimientos de la existencia. Mis años de estudio en la Facultad de Filosofía y Letras de Puán los realicé paralelamente mientras me desempeñaba como arquero en equipos como Atlanta, Chacarita, El Porvenir, Comunicaciones, Laferrere y otros equipos más.
Es cierto, es bastante atípico que un futbolista opte por estudiar Filosofía, ya es bastante atípico de por sí que un jugador opte por estudiar, pero lo cierto es que mi duda “Socrática” que les comenté anteriormente alcanzó para que empiece la Facultad una vez terminado el secundario y con la chance de llegar a la Primera cada vez más cerca. Para el periodismo siempre fui un plato fuerte a la hora de realizar analogías entre mis estudios y mi carrera deportiva a tal punto que en mi casa guardo 394 recortes de entrevistas para medios gráficos. En 312 al menos una pregunta de la entrevista hace mención a la Filosofía y el fútbol.
Una tarde de Mayo fría y nublada, con el título en mano ya hacía unos años, con muchas canas encima y atajando para San Martín de Tucumán ocurrió un episodio futbolero muy habitual que hasta el día de hoy ni los profesionales como nosotros ni aquellos que han decidido formarse en la calle pueden explicar por estos días.
El rival era Central Córdoba de Santiago del Estero. Lo cierto es que la tarde parecía no tener mayores inconvenientes para mi puesto y el partido se encaminaba al 0 a 0 clavado. Algún que otro centro descolgado o rechazado con los puños era todo el trabajo que había tenido hasta el momento.
Promediando los 40 minutos de la etapa final se produjo un tiro libre para Central Córdoba producto de una infracción de un mediocampista nuestro aproximadamente a 35, 40 metros de mi arco sobre la banda derecha. Un zurdo lateral por izquierda decidió hacerse cargo de la pelota parada y envió un centro cerrado al punto de penal. Inmediatamente tomé la decisión de ir a buscar esa pelota la cual venía limpia a mis manos para que la descuelgue e intente rápido un contraataque. Entonces escuché clarito desde detrás del arco de Central Córdoba:
-¡¡¡MENEM!!!!!
Los diarios tucumanos dejaron de lado la Filosofía y el fútbol y si no me putearon en sus páginas fue sólo por una cuestión ética y editorial. En las radios partidarias la cuestión pasó a mayores y el martes siguiente al partido ante los santiagueños estuve decidido a ir a esperar a la puerta de la radio al Gordo Arriola, el cual se encargó de excederse en sus críticas hacia mi persona. Si no era por Carlitos Martínez, un defensor paraguayo con el que compartía habitación de concentración, le hubiera dado de lo lindo a ese gordo pelotudo.
Cuatro meses después me retiré del fútbol. Lo cierto es que estaba cada vez más viejo y las piernas ya no respondían como antes. Ciertas veces, al principio, y mientras charlaba tanto con colegas, amigos y familiares acerca de aquel episodio tucumano solo recibía risas y chistes como respuesta.
Hoy soy docente, a veces juego al fútbol con amigos los sábados y además he sumado una nueva profesión: tengo una pizzería donde me va fenómeno. A veces, hay ciertos acontecimientos en el fútbol que son muy difíciles de explicar. Ni un profesorado, ni una licenciatura, ni un máster, ni un doctorado te hacen llegar a una conclusión posible. Sobre esa base y otras tantas más creo que radica la cuestión de porque el fútbol es tan lindo.
Durante todos estos años siempre estuve muy seguro de lo que había pasado, sobre todo por como era el Oso. Sin embargo, había días donde mi cabeza dejaba entrar la posibilidad de que el hecho hubiera estado estrictamente atado a la casualidad. Quizás, quien te dice fue una cagada que se mandó el defensor distraído pero te juro que recuerdo con lujo de detalles aquella noche fría y húmeda de un jueves de junio que dio comienzo a una nueva vida, al menos una nueva vida futbolística, para mí y para muchos más. Nos íbamos eh, no había ni una mínima posibilidad de escapar del descenso. Los dirigentes ya no aparecían por los entrenamientos desde hacía mínimo tres días atrás. Creo que la pelea entre nuestro entrenador y el Vasco Arrengoechea había terminado por partir una relación que solo esperaba al descenso para que el director técnico vuele de una patada en el culo.
Los barras menos que menos se aparecían. Al principio nos puteaban, nos apretaban, nos sacaban guita y otras jugarretas sucias a las que estaban y están acostumbrados a hacer en todos lados pero hacia mínimo dos semanas que no se aparecían, solo nos mandaban a la concha de su madre desde la tribuna. La última cachetada dura que sufrimos fue cuando le bajaron el comedor a Josecito González, un ocho rapidito que no llegaba al metro sesenta. Después nada más.
Y así, en la soledad, en aquella semana que recordaré como una de las más silenciosas y tristes en mí carrera como futbolista y mientras llegaba a las 7 partidos sin convertir (contando los entrenamientos por supuesto) ocurrió lo impensado: volví a ver la red inflada la pelota en el fondo del arco y volví a vivir por supuesto. Me acordé lo que significaba ser felíz.
¿Por qué recuerdo aquel gol de entrenamiento después de tanto tiempo sin marcar? Porque creo entonces que no fue casualidad que a partir de ese tanto iba a encabezar una racha goleadora en el club que me iba a precipitar a lo más alto de su historia.
Faltaban 5 minutos para que termine la práctica. Aburrido 0 a 0 entre los que íbamos a salir a jugar el sábado a dar la cara y comernos la mayor cantidad de goles posibles, agachar la cabeza y buscar un nuevo club, y los suplentes. Nuestro arquero, el Oso Talavera, quizás nuestro mejor jugador de aquel pobre equipo, quiso salir jugando de abajo con uno de los defensores, quien se resbaló producto del rocío intenso de la noche en aquel campo de deportes del Gran Buenos Aires y me dejo la pelota servida en el borde del área.
Mirá el cagazo que tenía que en una práctica, que aún sabiendo que iba a ser titular ni la paré, la agarré como venía mordida, al medio, horrible y sin dirección. Sin embargo ocurrió lo impensado. Mi débil disparo le pasó por debajo del cuerpo al Oso y fue a parar al fondo del arco. “Cagamos, si se equivocó este que nos queda”, escuché de fondo a un compañero. Algo raro me olía en toda esta cuestión. Si el Oso no se equivocaba nunca. Me fui al vestuario y le pregunté qué había hecho en la jugada. “Se me escapó Juan, mientras que no me pase el sábado”, me contestó. Sabía que me mentía. El Oso era de las personas más buenas que había tenido como compañero. Honesto, justo, leal. Con verle la mirada sabía que me estaba mintiendo.
Llegó el sábado y ganamos 2 a 0. Metí los dos goles y nos salvamos del descenso porque La Providencia perdió 4 a 0 y nos quedamos por diferencia de gol. Fue una fiesta. Pasamos a ser los héroes del pueblo. En una semana dejé de ser el muerto que jugaba arriba a ser uno de los más queridos. El Oso se atajó la vida y un poco más aquella tarde, fue clave para aguantar el partido. Mis dos goles fueron bien de goleador. Estuve en el momento justo e indicado.
Lo cierto es que a partir de entonces nunca volvimos a pelear un descenso. Hemos salido campeones tres años seguidos y muchos jugadores hemos quedado en la historia del club. Entre ellos, el Oso y yo. Si hay algo que recordaré para siempre es que cada vez que andaba con el arco torcido, el Oso me daba una ayudita en las prácticas. Aunque por supuesto siempre me lo negaba. “Es que si querés vos podés, es todo mérito tuyo” me mentía descaradamente. Yo como siempre lo mandaba a la mierda. Fueron mis mejores años de mi carrera y los más felices. Después vino Europa y nuestras vidas se separaron. Lo volví a cruzar cada vez que nos invitaron a fiestas recordando equipos históricos y he ido a ver muchos partidos cuando el agarró al equipo en la temporada 92-93.
Una tarde de 2010 me enteré que el Oso estaba grave. Su corazón ya no era el mismo por su amor incondicional al cigarrillo y dos infartos eran la demostración clara y precisa de que las cosas no andaban bien. Sin dudar fui a la clínica a visitarlo. Cuando entré lo vi y no lo reconocí. Ojos hundidos, mirada triste, como anticipando el final. Lo abracé con tanto cuidado que temí que se desarmase ahí mismo. Hablamos de fútbol, como siempre, de viejos recuerdos, esos que se sabe que ya no van a volver. En un momento recordé aquellos “goles” que metía de vez en cuando en los entrenamientos y entonces le largué mi vieja pregunta que todavía no tenía respuesta
-Oso, decime la verdad. Siempre te dejaste hacer goles en los entrenen amientos para que yo llegase motivado a los partidos ¿No?- Pregunté.
El Oso, se mantuvo en silencio, me miró fijamente y volvió a repetir aquella frase que me dejó otra vez sin una respuesta concreta.
-Ya te dije Juancito, en los entrenamientos a mi no me iba muy bien. Lo bueno es que no me pasaba lo mismo en los partidos- respondió.
Seguimos hablando un rato más de quien sabe cuántos temas hasta que llegó el momento de dejar la sala de visitas. Después de otro abrazo interminable y cuidadoso, y mientras caminaba de frente para abrir la puerta de la habitación de la clínica, el Oso por fin desembuchó la verdad. Y lo hizo con tal convicción y claridad que me hizo recordar a cuando nos cagaba a pedos a todos desde los tres palos.
-¿Sabés por qué te dejaba hacer un golcito cada vez que venías mal Juancito? Porque yo me podía atajar la vida durante los 90 minutos, pero si vos no la metías estábamos en el horno, no había ningún otro nueve como vos, a pesar de que por esos días no le hacías un gol a nadie. Pará, pará, no te calentés que te estoy jodiendo. Mirá si no hubieras hecho la cantidad de goles que hiciste a lo largo de toda tu carrera. Te aseguro que no hubiera sido lo mismo, ni para vos, ni para mí, ni para el equipo. Además, te digo más, la única manera de hacerme un gol era si me lo dejaba hacer. Pará, pará en serio, no seas boludo y no te calentés que ya pasaron muchos años- soltó el Oso y río por primera vez en la charla.
Sus ojos pequeños y débiles por un corazón que ya no quería seguir trabajando más se iluminaron por primera y quizás por última vez. Falleció esa misma noche a los 61 años tras volver a sufrir un infarto.
Loreana Baldomero es de Pergamino pero hoy se encuentra en el barrio de Flores. Se reparte los días de la semana viajando desde su pueblo natal a la Capital Federal para trabajar. Ella admite que la Ciudad de Buenos Aires es un lugar donde le cuesta sentirse cómoda y que muchas veces padeció. Sin embargo Loreana tiene una pasión que trasciende de lugares donde vivir y en un bar de Rivadavia y Fray Cayetano Rodríguez es capaz de olvidarse de los ruidos molestos, de los subtes abarrotados y del malhumor semanal para ponerse a explicar qué es la bisectriz y el espejo del arco o cómo se achica en un mano a mano. Ella es una precursora de un rol que hoy en día sigue transitando sus primeros pasos en los cuerpos técnicos de los equipos de fútbol: es entrenadora de arqueros.
¿Cómo y por qué llegas a ser entrenadora de arqueros masculinos siendo mujer?
Todo empezó en el 2001. Recién había terminado el profesorado de educación física en el 2000 y me vine al CENARD para hacer el curso de preparadora física. Al mismo tiempo comencé a preparar a un equipo de Pergamino y el primer día que llegó a la práctica y ordeno hacer la entrada en calor se me acercan tres chicos y me preguntan “¿Profe nosotros también corremos”? Eran arqueros. Yo no sabía qué hacer, no sabía nada acerca de la preparación física de un guardameta. A partir de ese momento empecé a ver a arqueros de diversas ligas del mundo para ver sus movimientos mientras que también aprovechaba y me iba a River que estaba cerca del CENARD para observar cómo se entrenaban los arqueros Millonarios.
¿Cómo fueron esos primeros días trabajando con un puesto que desconocías?
Luego de instruirme con lo básico del puesto lo primero que entendí es que la parte física no puede separarse de la parte técnica a la hora de entrenar en un campo de juego. Por ejemplo, si yo quiero trabajar en la capacidad de reacción y potencia de piernas de un guardameta uno debe relacionar el estímulo que produce la reacción y ese es la pelota. Entonces es imposible que un arquero practique ambas partes por separado. Sí como complemento debe realizar trabajos de gimnasio para fortalecer zonas que son claves tanto en el tronco superior como en el inferior. Además en las prácticas hay que recrear situaciones de juego para que el arquero se prepare como si estuviera en un partido real. Respecto de los primeros días allá en Pergamino recuerdo que dejábamos crecer el trébol en el piso para usarlo de colchonetas porque en esos tiempos nadie invertía un peso por un entrenador de arqueros.
Me imagino que no debe hacer sido fácil insertarse en un mundo donde todavía hoy abundan los prejuicios para con la mujer como es el fútbol…
En estos años que llevo trabajando con hombres tuve de todo. En muchos lados me han tratado muy bien como así en otros no. Una vez en un encuentro de la Liga Rural de Pergamino estaba trabajando como profe y no me querían dejar entrar a la cancha, entonces los jugadores del equipo donde yo estaba realizaron un piquete y le exigieron a las autoridades que hasta que no me dejen ingresar el partido no empezaba. La cuestión es que terminé pudiendo realizar la entrada en calor y después quedarme en el banco de suplentes.
Trabajaste además con chicos en All Boys y lo seguís haciendo en Arqueros en Red, la escuela de Alejandro Saccone ¿Cuál es tu metodología de entrenamiento con niños?
Cuando entrenas con chicos que recién están empezando tenés que encarar el proceso de aprendizaje desde lo lúdico. Vos a un nene de 8 años no podes explicarle la mecánica de la caída o de la volada porque se va a aburrir. Entonces lo más conveniente es que hagas juegos o competencias entre ellos. Hay tres etapas en el entrenamiento de arqueros: la de formación básica, luego la específica y por último la final que es el entrenamiento intensivo.
¿Es cierto que trabajar en el arco te llevo a encontrar el amor?
Algo así (risas). Resulta que yo estaba como preparadora física y entrenadora de arqueros en un equipo de Pergamino hace unos años y Osvaldo Peranzoni era un ex jugador del club que iba a ver los partidos. Un día me vio preparando a los guardametas y preguntó quién era. Lo cierto es que al poco tiempo volvió a jugar. Una vez que nos conocimos comenzamos a chatear y con el tiempo nos pusimos de novios. Hace un año nos casamos. Hoy nos encontramos estudiando juntos el curso de arqueros que se dicta a distancia en la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino (ATFA) desde el año pasado y además me da una mano muy grande con la escuela de guardametas que tengo en Pergamino Zayg (Zona de arqueros y guantes). No sé si será muy bueno en el arco pero al jugar de delantero a los arqueritos los mata a pelotazos.
El año pasado, todos conocimos a Marcos Fasanella tras llevar a su Excursionistas, equipo que milita en la Primera C, a las primeras planas con sus atajadas en las definiciones por penales de la primera Copa Argentina. Ayer, domingo 21 de octubre de 2012, Fasanella otra vez fue noticia. Esta vez logró algo que pocos arqueros consiguen en la realidad, que abunda en la ficción y que forma parte de sueños y fantasías de muchos guardametas: convertir un gol de arco a arco.
Marcos convirtió de arco a arco y fue a dedicárselo a su madre Carmen, en su día, quien estaba en la platea. “La verdad es que le pegué buscando a los delanteros pero la pelota siguió y cómo la cancha estaba rápida por la lluvia el pique me ayudó” admitió el 1 de “Excursio”. (HEVA)
Por la 12 da fecha de la Primera C y en la cancha de Excursionistas, Marcos Fasanella convirtió a los 30 minutos del segundo tiempo el 3 a 2 parcial de su equipo ante Fénix. Finalmente el partido terminaría igualado 3 a 3. La lluvia que azotaba el Bajo Belgrano le dió mayor emotividad al momento de la conquista del arquero. (GENTILEZA de http://www.excursionistas.org.ar)
OTROS CASOS DE ARQUEROS QUE CONVIRTIERON DE ARCO A ARCO EN EL FÚTBOL DE ASCENSO EN LA ARGENTINA (GENTILEZA SUPLEMENTO DEPORTIVO “ABRAZO DE GOL” DIARIO CRÓNICA 22-10-2012)
“Uno de los goles de arco a arco más recordados es aquel que convirtió Daniel Francovig (Táchira de Venezuela) a Independiente, por la Libertadores de 1987. Luis Islas sufrió la conquista y el “Rojo” cayó 3 a 2. En nuestro fútbol de ascenso, los antecedentes son los siguientes:
30 de octubre de 1992: Ricardo Diácono (Dock Sud) le marcó el 1 a 0 a Miguel Ángel Serrato (Los Andes), en un partido de la “B”.
7 de agosto de 1993: Rubén Lergen (Defensores Unidos) anotó el tercer tanto en la victoria 3 a 1 sobre Liniers, por el torneo de la “C”.
16 de octubre de 1993: Alejandro Coronitti (Temperley) colaboró en la goleada 4 a 0 sobre Berazategui, también en la “C”.
21 de marzo de 2008: Juan Zeballos (Puerto Nuevo) castigó a su colega Pablo Nieva (Claypole) en el empate 1-1, encuentro correspondiente a la Primera “D”.
6 de abril de 2008: Emanuel Trípodi (CAI) aprovechó el fuerte viento que soplaba en el Municipal de Comodoro Riavadavia para anotarle a Darío Capogrosso (Atlético Rafaela) el agónico tanto del triunfo 1-0, por la “B” Nacional”.
De regalo, la nota que De Palo a Palo le realizó a Marcos Fasanella en enero de este año, para que la vuelvas a leer
Pasó el mes de septiembre y como siempre hubo noticias de arqueros por todo el mundo. Pero existieron dos precisamente que merecen ser rescatadas, al menos por este sitio. No todo concluye al fin, no todo tiene un final. La vida continúa sus senderos y en esta ocasión intentamos desde el blog demostrarlo con la relación que trazamos entre las historias de Sergio “Sapo” Linvingstone, ex arquero histórico de la selección chilena, y Diego Galaternik, guardameta de Racing. Mientras que el primero perdió su vida el mes pasado, el juvenil de la “academia” debutó en Primera División. El periodismo especializado en deportes la pata fundamental de esta historia.
Livingstone en sus épocas de arquero de la Selección de Chile
El último martes 11 de septiembre, Sergio Livingstone, más conocido como el “Sapo” para todos los chilenos fallecía a sus 92 años. Atrás quedaron años de gloria al frente de la “Roja” (1941-1954) donde incluso disputó el Mundial de Brasil 1950 en el arco trasandino. Tras abandonar el fútbol, Livingstone se dedicó al periodismo deportivo donde resultó ser un exitoso comentarista en la televisión de su país natal. Trabajó incluso en los últimos Juegos Olímpicos de Londres.
El domingo 9 de septiembre de 2012, Diego Galanternik se puso los guantes de Racing por primera vez en su carrera. Tras una lesión sufrida por Sebastián Saja ante Independiente en el clásico y la expulsión de Jorge de Olivera (penal atajado de Pelletieri incluido) ante San Martín de San Juán, le llegó al juvenil su oportunidad. Nacido en 1991, el oriundo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no olvidará jamás el partido disputado en Córdoba ante Belgrano por la sexta fecha del Torneo Inicial temporada 2012-2013 en la Argentina. Es cierto que el “Piarata” derrotó 1 a 0 a los de Avellaneda, pero quién le quita de la memoria este encuentro al joven portero.
Diego Galanternik debutó en la Primera de Racing
Galanternik, además de ser arquero tiene otra pasión: se encuentra cursando el tercer año de periodismo deportivo. Motivado por sus padres, quienes le recomendaron no solo quedarse en el mundo del fútbol, el guardameta despunta sus ratos fuera de las prácticas y partidos en sus últimos días en el curso de comunicador orientado en deportes.
Septiembre ha sido un mes donde, un histórico del arco chileno y quién después probó suerte en el periodismo especializado en deportes se ha ido. Sin embargo, del otro lado de la Cordillera, Diego Galanternik es el ejemplo cabal de que la vida continúa. Siempre.
¿Puede que al ponerse una determinada camiseta un jugador sienta un poder especial que le permita hacer posible lo imposible? El fútbol, a veces trasciende contextos y realidades, y es capaz de hacernos emocionar hasta puntos insospechados. El caso del mediocampista Agustín Pelletieri, quien fue al arco por la expulsión de De Olivera en Racing y le atajó el penal a Gastón Caprari de San Martín de San Juan es una clara demostración empírica de que en el deporte de la redonda las sorpresas nunca van a terminar de sucederse.
Por Pablo Colmegna
“¿Y ahora qué hacemos?” pensé en ese momento. Me quiero matar. No puede ser que tengamos tanta mala suerte. Tanto que luchamos por llegar acá. Si no hace ni dos años que jugamos en la Liga y ahora tenemos la chance de ascender por segunda vez consecutiva. Pero no, el destino siempre incomprensible del fútbol parece surgir como una especie de candado para trabar y cerrar las ilusiones de una nueva conquista.
Lo acaban de echar al Mono, un arquerazo señores. Un tipo único por su solvencia para atajar, por su presencia y por ser dueño de una personalidad única capaz de transmitirnos a los de campo esa sensación de que la pelota no va a entrar nunca. Lo acaban de echar a dos minutos del final y con el título delante de las narices.
Esa tarde parecía ser una más del Mono, igual que cuando un año antes ascendimos de la C a la B y nuestro arquero tuvo épicas atajadas para mantener el 1 a 0 en la ida cuando jugamos de locales. Allá viste como son ellos, los de Florentines. Si no te ganan por las buenas, te ponen a un árbitro amigo, te ponen la planchita, te cagan a patadas, te cagan a trompadas, te van a buscar al hospital del pueblito y te vuelven a cagar a trompadas, en conclusión te cagan a trompadas feo. Pero no, con el Mono fue distinto. Si esas bestias lo aplaudían cuando salimos de las duchas para ir a festejar con los nuestros. En realidad primero escapábamos de ese reducto horrible para salvarnos de ser lastimados y después si para celebrar, pero con el Mono fue distinto. Si hasta vino el garca del presidente, ese tal Anchorena, que la tiene toda, a felicitarlo y a decirle que con jugadores de su talla la derrota era aceptada como tal.
El Mono para nosotros era además de nuestro capitán, una especie de superhéroe terrenal. En el transcurso del campeonato ya se había empezado a hablar de que lo venían a buscar de equipos grosos. De que muchos representantes buscadores de vidas, ratas inmundas, máquinas excavadoras profesionales de hacer dinero con futbolistas, lo telefoneaban seguido y le comenzaban a proponerle oportunidades en instituciones de prestigio. “Tranquilos, tiempo al tiempo. Tengo 25 años y acá soy feliz. Cuando termine el campeonato hablamos” repetía el Monito tanto a nosotros sus compañeros como a los periodistas de la zona que lo taladraban a peguntas. Claro, la bola se había empezado a correr y el guardameta se hacía cada vez más conocido. Sin embargo, el Mono estaba tranquilo. Como para no estarlo. Económicamente la familia estaba bien parada con su campo y él era Ingeniero Agrónomo recibido recientemente. Qué carajo le iba a importar dedicarse a la vida del fútbol a esa edad y con su brillante currículum universitario.
Pero el fútbol, contaminado hasta límites insospechados hoy en día sigue o al menos intenta seguir siendo un deporte hermoso. “Me pico el bichito. Quiero ver de qué se trata esto del fútbol profesional. Fernández (su flamante representante) me consiguió una prueba en Central y no quiero desaprovecharla” nos había manifestado en la semana previa a las finales ante Arroyo Seco. De esta manera, primero los jugadores, después el cuerpo técnico y después el resto del pueblo sabía de antemano que después de los partidos definitorios el Mono iba a probar suerte a las grandes ligas.
El Mono no era ningún ser desconsiderado y mucho menos falto de memoria. Iba a jugar las finales como tal y más sabiendo que podía quedar en la historia de nuestro club por haber logrado dos ascensos consecutivos en el lapso de dos años. Él fue uno de los que empezaron con este proyecto de afiliarnos a la liga y fue uno de los que se la banco hasta lo último entrenar martes, miércoles y jueves sin luz, sin agua caliente y con 8 pelotas cuasi infladas y desgajadas.
Mis elogios al Mono se sustentan en lo que se atajó en el partido de ida. Mantuvimos el 0 a 0 solo gracias a él. Con el pecho, con la cara, con los pies, con las manos por supuesto. Todas, absolutamente todas se tapo esa bestia. Cuando iban 44 del segundo tiempo la coronó con una doble atajada, primero en un tiro libre que no sé como la vio, si estaba más tapado que yo entre las sábanas, cuando mis amigos me invitan a salir un sábado a tomar unas birras al bar y mi señora, que me tiene en la palma de la mano, me clava una mirada asesina para que, rápidamente, conteste mi negativa a través de un mensaje de texto. Después se levantó y cuando la pelota había quedado boyando en el área chica por el rebote se le tiró encima a un defensor de ellos y se la sacó con la cara. Se levantó chorreando sangre de la nariz y mientras los médicos intentaban limpiarle la herida el nos gritaba algo así como “¡Agarren el rebote la concha de su madre!”.
En la vuelta, con un estadio repleto de hinchas nuestros y de ellos, nos pusimos rápido en ventaja con un golazo del cabezón Saldivia y eso nos tranquilizó. Pero en el segundo tiempo nos tiramos atrás, algo lógico porque ellos tenían un equipazo, creo que mucho mejor que el nuestro. De a poco comenzaron a llover los pelotazos hacia el área nuestra desde todos los sectores del campo de juego. En un momento, lleno de nervios, recuerdo haberle preguntado al profe cuantos minutos faltaban “Quedan 15 dale Chiqui” fue la respuesta del banco. Acto seguido, Juan Cruz Álvarez, media punta de los contarios hizo estrellar la pelota en el travesaño. Yo estaba fusilado, arrastraba una contractura en el gemelo derecho y no podía más. Pero habíamos hecho los tres cambios por diversas lesiones y cuestiones tácticas y ya no había más opciones: aguantar hasta los 90 porque futbolísticamente y físicamente no podíamos más.
A los 43 minutos de la etapa final, Ricardo Carranza, volante de Arroyo Seco, ingresó al área por la banda derecha tras desparramar a dos defensores del equipo, amagó a rematar con la diestra ante la marca de Julio Alameda, un pibe de 18 años que hacía sus primeras armas y enganchó para definir de zurda, su pierna hábil al palo derecho del Mono que lo esperaba agazapado con sus brazos largos y sus manos gigantes para impedir la conquista.
Carranza siguió su carrera ya sin rivales encima dentro del espacio penal para enfrentar al Mono y cuando el portero le salió, el hábil mediocampista enganchó hacia afuera. El Mono quedó lejos de la jugada y lo bajó sin contemplaciones cuando el empate estaba por concretarse. Penal para ellos y roja para el Mono por último recurso. La tribuna de los visitantes se venía abajo. Los nuestros apenas si podían creer lo que acaba de suceder. Para colmo de males las estadísticas no nos ayudaban. Ellos habían ganado cuartos y semifinales a través de definiciones por penas máximas (con el empate ibamos a la definición por penales). Nosotros no teníamos experiencia.
El técnico ni dudo y me mandó al arco en el lugar del Mono. Todos los que me conocen entienden el porqué de mi apodo y vos supongo que también: Chiqui. Mido 1, 94 centímetros y probé con todos los deportes ideados para gente con mis atributos físicos. Básquet, Voley, Rugby (creo considerarme un gran segunda línea) pasaron por mi adolescencia plagada de hermosos recuerdos en el viejo club “San Martín”. Sin embargo, mi pasión de las pasiones es el fútbol y jugar de mediocampista central mi lugar en la cancha y en el mundo. Nuestro entrenador sabía que resignaba un tipo alto para evitar los embates aéreos finales pero a su vez entre toda la secuencia para que se patee el penal (tardó aproximadamente cinco minutos en ejecutarse) y mi gemelo a la miseria era mejor que haga mis últimos esfuerzos tratando de hacer lo más chico posible el arco a la hora de enfrentarme cara a cara con Miguel Suárez, el delantero de Arroyo Seco, goleador del campeonato con 24 conquistas.
Vuelvo a repetirte que el cagazo se me pasó apenas me puse la camiseta de arquero. Sé que muchos deben haber pensado que estaba totalmente asustado a pesar de, que como vuelvo a repetirte, mi porte de patovica de boliche no permite o no debiera permitirme asustarme ante estas situaciones. La verdad es que antes de ponerme la remera del Mono no podía y a la vez intentaba discernir el motivo de tener que terminar una final bajo los tres palos.
Con el paso del tiempo algunos, basándose en teorías psicoanalíticas atribuyeron una especie de capacidad encubierta de arquero reprimida hasta ese entonces en mi persona, tras taparle el penal a Suárez que nos dio el triunfo y el ascenso. Otros pensaron que en realidad todo fue una estrategia del entrenador en ponerme a mi lesionado para aparentar una supuesta debilidad y resignación antes del disparo desde los doce pasos. Hasta se divulgó una foto en internet contextualizada en los años 90, con un supuesto falso yo con guantes y un buzo de arquero colorinche a lo estilo “Goycochea” en la previa de un partido que creo nunca haber jugado.
Quizás caiga en la redundancia nuevamente pero tengo que reiterarte a vos, que gentilmente viniste a hacerme la nota, lo mismo que digo desde aquel día. Para mí la clave de haber atajado el penal consistió en haberme puesto la camiseta de arquero del Mono. Esa camiseta completamente negra, ajustada al cuerpo, con el escudo del club en el pecho, el número 1 en la espalda, nombre completo y apodo del arquero: Claudio “El Mono” Galarraga.
Por supuesto que ahora esa camiseta es mía. Siempre que la veo jodida en el fútbol me acuerdo de la casaca y sobre todo del Mono. Esos recuerdos me hacen creer en lo posible aún cuando la situación pinta jodida. Igual que en los momentos previos antes de atajarle el penal a Suárez, el goleador de Arroyo Seco.
En la noche del sábado, dos arqueros separados por dos categorías de diferencia tuvieron su momento de furia y la pasaron realmente mal. Estamos hablando de Juan Carlos Olave, de Belgrano de Córdoba, quien fue detenido por la policía santafesina tras supuestamente agredir a miembros del personal de seguridad del estadio de Colón de Santa Fé (aunque el mismo arquero se encargó de negar los hechos), tras los incidentes producidos en la tribuna de Belgrano de Córdoba entre simpatizantes cordobeses y la policía santafesina, en el empate entre Sabaleros y Piratas 2 a 2, por la tercera fecha del Torneo Inicial de Primera División. En la B Metropolitana, Nicolás Angelotti de Platense terminó a las piñas con jugadores de Chacarita y fue expulsado junto a tres jugadores más en el cotejo que terminó en victoria para los Calamares por 1 a 0 sobre los Funebreros.
Juan Carlos Olave, de cuidar el área a la comisaría
GENTILEZA (LAVOZ.COM.AR)
(INCIDENTES EN COLÓN 2 BELGRANO 2)
Fiebre de sábado por la noche, es fin de semana largo y muchos se preparan para salir a las pistas, a disfrutar de una nueva noche que cae, lluviosa, húmeda (al menos en Capital y Gran Buenos Aires) pero noche al fin. De Vicente López a Santa Fé hay aproximadamente 450 kilómetros de distancia pero la térmica explota para dos custodios de los tres palos en la oscuridad camuflada por luces artificiales del sexto día semanal. A pésar de tener distintos motivos para calentarse, ambos terminan por pasar un mal momento que seguro querrán olvidar pronto. De Juan Carlos Olave a Nicolás Angelotti, Furia de sábado por la noche.
Sábado a la noche. Van 44 minutos del complemento en el Cementerio de los Elefantes, Colón hace un pequeño rato acaba de remontar un 2 a 0 en contra, como dueño de casa, ante el nuevo temible Belgrano de Córdoba. De pronto, Juan Carlos Olave pide parar el partido, a sus espaldas, en la tribuna visitante, hay corridas, disparos de balas de gomas y enfrentamientos entre los hinchas Piratas y la policía santafesina, una situación que lamentablemente cada día parece naturalizarse, en un duelo aparte que tienen la hinchada cordobesa, tanto con los hinchas como la policía santafesina y viceversa con simpatizantes santafesinos frente a seguridad y seguidores cordobeses cuando se enfrentan en la provincia del Fernet.
Ha terminado el partido. Olave es trasladado a la Unidad Regional Número 1 de Santa Fé para declarar por un suceso donde se lo acusa de haber golpeado tanto a un policía como a un bombero mientras se desarrollaban los incidentes en el Estanislao López, sin embargo el arquero aclarará el domingo, un día después, y con las aguas más tranquilas que fue a hacer una “declaración informativa”, negando haber sido detenido.
“No fui detenido, tuve que hacer una declaración informativa de lo que había pasado. Te cansa. Adentro de la cancha no podés hacer un gesto, pero después cualquiera presenta una denuncia y tenés que ir a declarar” manifestó en declaraciones al Diario Olé. El histórico arquero del equipo cordobés agregó que iba a ir a la Unidad a declarar en el auto del fisioterapeuta de Colón pero se le rompió y por eso fue con la policía. “Buscamos calmar. Fuimos con Turús, Farré y otros compañeros y les sacamos las mangueras a los bomberos ya que estaban empapando a la gente que estaba en la popular nuestra, quizás no deberíamos haber echo eso pero era un momento de mucha tensión. Entre las balas de goma y el agua que hacía que la gente se cayera y se pegará unos golpazos tremendos, nos pusimos muy nerviosos, además teníamos familiares en ese tribuna porque la gente de Colón no nos dió plateas. Creo que no hacen falta balas de goma y agua para desalojar una tribuna” aclaró por último Olave al periódico deportivo.
Nicolás Angelotti a las piñas en Vicente López
Final violento en Vicente López
(SÍNTESIS DEL PARTIDO)
Una nueva edición del clásico entre Platense y Chacarita volvía a disputarse tras cuatro años (la última en 2008 fue victoria de Platense por 4 a 0). Una cancha embarrada, que hasta último momento puso en suspenso la disputa del partido agregaba máyor expectativa a un encuentro de dos grandes hundidos en la tercera categoría del fútbol argentino y necesitados de una victoria que los retrotraiga a tiempos donde las cosas marchaban mucho mejor.
Sábado a la noche. Van 45 minutos de la etapa final, Platense le gana 1 a 0 a Chacarita con un golazo de su capitán Juan Manuel Olivares. Hay un centro bombeado al área de los locales, un cabezazo y una gran tapada de Nicolás Angelotti, arquero Calamar, que deriva en tiro de esquina. Segundos después hay un forcejeo por la pelota para que el córner se ejecute rápidamente entre el uruguayo Daniel Pereira de los visitantes y el guardameta en cuestión, algo se dicen ambos que funciona como motor para la hecatombe final. Los forcejeos derivan en trompadas, la situación desborda al árbitro Ángel Bracco quien expulsa a TomásFarina y Angelotti por el lado de los de Vicente López y a Sebastián Pena y Federico Barrionuevo para los de San Martín.
Tras el 1 a 0 final Nicolás Angelotti declaró: “En el vestuario me han retado por lo que hice pero la sangre tira y si te insultan a alguien de tu familia yo creo que vas a reaccionar”. Además, el guardameta en su cuenta de Twitter @nicoangelotti, publicó : “ Todavia no lo puedo creer , pero son cosas que pasan , mas que nunca orgulloso y que quede claro , siempre voy a poner el pecho !!!”. Fuentes cercanas a Platense le confirmaron a De Palo a Palo que Angelotti llamó a Daniel Pereira para pedirle perdón por lo sucedido. Lo cierto es que hoy miércoles declarará en AFA y se habla de dos fechas de suspensión para el jóven arquero.
En el partido entre Racing y Atlético de Rafaela, por la primera fecha del Torneo Inicial, Guillermo Sara le atajó dos penales a José Sand y se convirtió en el decimoquinto arquero en la historia del fútbol argentino desde 1931 que contiene dos penas máximas en un mismo partido. De Palo a Palo te presenta la historia del guardameta italiano que en un cotejo de ascenso de 1973, se quedó con tres remates desde los doce pasos en los 90 minutos, su equipo sin embargo fue goleado, fue aplaudido por dos hinchadas y se fue al Milan de Italia.
Volvió el fútbol argentino de Primera División y nos dejó mucho material para De Palo a Palo. En el encuentro entre Racing y Atlético de Rafaela, disputado en Avellaneda, el arquero de los visitantes, Guillermo Sara le atajó dos penales (uno en cada tiempo) a José Sand, quien hacía su presentación en el equipo dirigido por Luís Zubeldía.
No es la primera vez que Sara detiene un penal defendiendo los colores del equipo santafesino desde que volvió a Primera en la temporada 2011-2012. Anteriormente había tapado penas máximas ante Unión (a Jerónimo Barrales), Belgrano (Cesar Mansanelli) y Boca (Nicolás Blandi).
Con los dos penales contenidos a Sand, Guillermo Sara se convirtió en el decimoquinto arquero en la historia del fútbol argentino que desde su profesionalización (1931) detiene dos remates desde los doce pasos en un mismo encuentro.
Guillermo Sara se queda con el segundo intento de Sand desde los doce pasos (DIARIO UNO)
Como olvidarse del día en que el Flaco Carlos Munutti le tapó dos a Miguel Brindisi en La Bombonera atajando para Instituto en 1982. Ese día la Gloria derrotó a los Xeneizes por 1 a 0. Quince años después, en 1997 y en el mismo escenario, Hernán Castellano, por ese entonces en Gimnasia y Esgrima de Jujuy, se quedó con remates de Diego Latorre y Anibal Matellán. En dicho encuentro, el Lobo jujeño se terminó llevando un valioso 0 a 0 de La Boca.
A continuación, las imágenes de los dos penales atajados por Guillermo Sara
(SARA ATAJA EL PRIMERO)
(SARA ATAJA EL SEGUNDO)
La Hazaña de José Cafaro
Ahora, usted arquero o tan solo lector fiel de la página: ¿Sabía usted que hubo en la historia del fútbol argentino un guardameta que atajó tres penales en un mismo encuentro? Si, tres y su equipo encima terminó derrotado y por goleada y además el partido no correspondió a un encuentro de Primera División. El arquero tampoco era argentino sino italiano.
Nos refrimos a Juan José Cafaro, un guardameta italiano que vino a probar suerte a la Argentina, más precisamente primero en Atlanta para después recalar en Platense, pero que después de atajar tres penales se lo llevo el poderoso Milan de Italia. A continuación una crónica del periodista Oscar Barnade del Diario Clarín donde narra la historia de Cafaro: el héroe de los tres penales atajados y aplaudido por dos hinchadas al mismo tiempo.
José Cafaro nació en Italia pero llegó de chico a la Argentina. En 1973, defendiendo el arco de Platense, le contuvo dos remates a Hugo Matos y uno a Juan Carlos Lallana, de Banfield. Una hazaña inigualable.
Fue una emoción increíble. Cuando atajé el tercero me quedé con la pelota atrapada contra el piso y en ese segundo me acordé de mis viejos, mis hermanos, mi novia… La gente no paraba nunca de aplaudir. Los de Platense y los de Banfield. La saqué jugando, enseguida, porque perdíamos 4 a 3 y después me tuvo que dar vuelta tres veces para saludar. Era la hinchada de Banfield, que estaba detrás de mí y que me había estaba trabajando de boquilla durante todo el partido”. Lo contó José María Cafaro unos días después de la hazaña en la redacción de la revista El Gráfico. “Yo agradezco todos los aplausos de la gente, todas las felicitaciones, todos los elogios, pero no puedo estar contento si mi equipo pierde el partido”. Lo contó José María Cafaro un rato después de la proeza y lo publicó Clarín el domingo 4 de marzo de 1973.
Fue un día de asombros el sábado 3 de marzo de 1973 cuando se disputó la primera fecha del torneo de Primera B. Porque sucedió algo que no había sucedido nunca en una cancha del fútbol argentino. El arquero José Cafaro atajó tres penales en un partido. Lo más sorprendente fue que a pesar de tanta efectividad debajo de los tres palos, no pudo evitar la derrota de su equipo, Platense. Banfield, que finalmente se consagraría campeón, le ganó 5-3. Iban 10 minutos del segundo tiempo, Banfield ganaba 2-1 y tuvo su primer penal a favor. “En el primero lo vi a Mateos muy de frente y pensé que no podía tirar a otro lado que no fuera a mi derecha. Y la pude sacar con una mano hacia el costado”, contó en la nota de El Gráfico. Cinco minutos después, el encargado de patear fue Lallana: “El de Lallana fue cuando estábamos 3 a 2. Los muchachos me desconcertaron un poco dándome indicaciones. Me jugué a la izquierda y la amortigüé con una mano. La pelota me quedó entre las piernas porque me había pasado en la volada”, recordó. En el tercero, en el minuto final, otra vez quedó cara a cara con Matos. “Y me jugué la misma. Vino contra el palo y a media altura. La atrapé en el aire y me quedé con ella. Sí. Fue la emoción más grande mi vida”, contó.
La historia de Cafaro comenzó en Briatico, un pueblo de la provincia de Catanzaro, el 21 de julio de 1948. Llegó de chico a la Argentina, hizo las inferiores en Atlanta y en 1970 se incorporó a Platense. Después de semejante actuación, los observadores extranjeros, que nunca faltaron en la historia del fútbol argentino, advirtieron que en el fútbol de Ascenso había un arquero que sorprendió a todos y encima era italiano. Entonces, se fue ese mismo año sin escalas de Platense al poderoso Milan. Allí no tuvo lugar y fue cedido al Barletta de la Serie C. Después regresó y finalmente pudo jugar en el Calcio defendiendo el arco de Brescia y luego Pro-Cavese. Volvió a la Argentina a fines de la década del 70, jugó en Talleres de Córdoba y a partir de 1981 otra vez en el Ascenso: Tigre (1981), Chacarita (1982) y El Porvenir (1984).
¿Qué se siente ser héroe por un día? Lo supo responder Cafaro unos días después. “Pienso que lo que sentí en ese momento sólo lo puedo comparar a lo que me pasó cuando Carrizo batió el récord en la cancha de Vélez y yo me quería poner en su lugar”. Su tiempo de quedar en la historia estaba cumplido. (DIARIO CLARÍN, VIERNES 23 DE ABRIL DE 2010).
José Cafaro, el italiano que atajó tres penales en un mismo partido. Único en la historia del fútbol nacional.
¿Puede un arquero relacionar una atajada suya que quedará en el recuerdo de todos con una historia de amor? A través de una carta, un guardameta semi profesional del pasado, un veterano de los tres palos del presente, regresa en el tiempo para intentar encontrarle una explicación de cómo hizo para quedarse con su Atajada de todos los Tiempos.
Por Pablo Colmegna
Ya sé que hoy en día después de tantos años en el barrio muchos creen que me quede con la atajada de todos los tiempos. Todavía hay quienes el día de hoy me encuentran por la calle o por el bar del club y me dicen Marquitos vos sí que te quedaste con la bocha más difícil eh. Yo me río por dentro mientras trato de explicarles que fue de casualidad, que intervenciones así te salen o se dan una sola vez en la vida. Muchos piensan que lo hago solo para no dar indicios de soberbia.
Ahora que me pongo a indagar en los resquicios más profundos de mí ser, mientras los empiezo a redactar, recuerdo muchas atajadas en mi carrera como arquero del Provincial. En mis memorias están los dos penales detenidos en las semifinales del 93 ante los de La Providencia. El mano a mano al hijo de Don Roque que después se fue a probar suerte a Italia, ahora creo que se quedo a laburar con los tanos y es entrenador de divisiones inferiores. Hasta logro conseguir transportarme al día en que me animé a patear un penal en el clásico contra Los Aromos. Íbamos ganando 1 a 0 y faltando dos minutos, el árbitro Gutiérrez nos dio una pena máxima. Te juro que me animé, que no dudé, igual que con vos. Esa semana justo había tenido a mi viejo internado en el hospital y tenía el bocho en otro lado. Ese gol fue para él. Todavía tengo en la cabeza la imagen de la pelota reventándose bien arriba de los tres palos, chocando con furia contra la red en el centro del arco y el grito mezclado con las lágrimas reprimidas durante las horas previas por los momentos sufridos con mi padre y por sobre todo, recuerdo el afecto recibido de mis compañeros de ese entonces, con quienes nos fundimos en un abrazo de esos que son abrazos de verdad.
Los chicos del Provincial le acaban de ganar a Los Aromos en una nueva edición del clásico. Han pasado seis años de mi retiro como arquero semi profesional. Tras los saludos con algunos ex compañeros de la época en que nos poníamos los botines (ahora lo hacemos pero con la excusa perfecta para comer un asado en las canchitas del anexo) y algunos saludos con miembros de la comisión decido volver a casa. De regreso, por las calles del barrio, caminando tranquilo en esos típicos atardeceres de domingo cálidos de Octubre realizo una alusión a la perfección de mi mejor intervención jamás realizada. Es entonces cuando me animo a escribirte estas líneas en donde quizás entiendas el por qué de manifestar mis sentimientos a través de este anticuado medio, en tiempos de mails, mensajes de texto y hasta del novedoso whats app. Creo a veces que me he quedado en el tiempo, a pesar de que todavía no me quiero considerar un veterano. También creo que el puño y letra siguen siendo para mí, el canal más claro para expresarme. Si, definitivamente vuelvo a releer estas líneas y creo haberme quedado en el tiempo.
Comienzo a rememorar uno a uno los momentos sin dejar escapar el más mínimo detalle. Vos entrando al bar del club con tu padre, Martín Amaya, el presidente del Provincial por esos tiempos. Vos y tus ojos negros penetrantes y tu cabellera castaña oscura suelta al viento, única. Vos y tu perfume al pasar cuando saludaste con mucha timidez y respeto a los integrantes del equipo incluido a mí. Vos y la imagen de mis compañeros sin poder entender como nunca esa mujer había estado por esos pagos. Vos y nuestro primer encuentro entre ambos tras dos meses de la primera vez que nos vimos, en un baile organizado por el club para recaudar fondos. Vos y yo en el momento en que me animé a sacarte a bailar. Vos y yo en el momento que me confesaste que nos íbamos a casar en unos años. Vos y yo cuando después de años de novios nos casamos efectivamente. Vos y yo hoy después de pasar años a tu lado.
Es el día de hoy que te lo vuelvo a jurar, en mi existencia voy a entender como hice para quedarme con vos, tan jodida que venía la mano, era una derrota asegurada, de esas que ya sabes que no hay vuelta atrás ¿Viste cuando estás jugando un partido, quizás no logres comprenderme, pero en el cual sabes que ya no hay nada por hacer y no sabés ni cómo ni en qué momento lo terminás sacando adelante? Bueno así me sentí cuando me quedé con vos y terminamos ganando los dos. Tan jodido que era tú viejo que me tenía entre ceja y ceja y que le costó tanto aceptarme. Tan jodido fue que aceptes salir a tomar algo después de mis al menos 135 (exagero, habrán sido alrededor de 60 o 70) intentos en un lapso de 5 meses donde insistí hasta el hartazgo y donde admito que hubiera merecido un corte de rostro o hasta un cachetazo de tu parte por lo insoportable que fui. Porque no fue simplemente que te saqué a bailar y nos casamos. Nada de eso. Al principio creo que aceptaste bailar conmigo por una cuestión de respeto, porque era jugador del equipo de tu padre, pero después no me querías ni ver. No sé qué te habrá convencido de mí, una especie de oso de 1, 85 metros, con cejas muy pobladas, ojos como platos y una nariz incipiente. Creo o al menos intento y sigo sospechando hasta el día de hoy que siempre supiste que mi única intención era tenerte en mis brazos, asegurarte, abrazarte y decirte sos mía, no te vayas nunca, no te escapes que nos quedamos juntos hasta el final.
El árbitro mira el reloj. Nos observamos mutuamente a la distancia, yo desde mi lugar en el mundo, el área, y el colegiado en el centro del campo, con el silbato en la boca y mirando el cronómetro que le indica que ya puede terminar la cuestión. Voy a sacar fuerte y arriba y voy a esperar que mientras el balón vuele por el aire, el juez pite el final. Acabo de realizar la atajada de todos los tiempos. Vos elegiste quedarte conmigo a pesar de lo difícil que venía el asunto. Yo logré quedarme con vos.
Marcos Ortazún y Delfina Amaya se casaron en 1998, tras dos años de noviazgo. Hoy llevan 14 años de casados. Marcos se retiró como jugador del Provincial en 2006. Hoy es entrenador de arqueros infantiles y trabaja en un Banco.
Lo prometido es deuda y ante las muchas peticiones recibidas por parte de los lectores de De Palo a Palo, le hacemos un humilde homenaje a José Luis Félix Chilavert, quien el viernes 27 de julio cumplió 45 años. Sin dudas, uno de los mejores arqueros que han pasado por la historia del fútbol argentino.
Del blog “Historias entre gajos” (www.historiasentregajos.blogspot.com)
El 27 de julio de 1965 nacía en Luque, Paraguay, el portero José Luis Félix Chilavert González. El arquero debutó en Sportivo Luqueño de su país en 1980 con apenas 15 años de edad. Cuatro años más tarde pasó a Guaranpi y en 1985 desembarcó en el conjunto argentino San Lorenzo, donde jugó hasta 1988 cuando emigró al Real Zaragoza. En 1992, Chila volvió al país para calzarse el buzo de Vélez Sarsfield, club con el cual obtuvo cuatro campeonatos locales, la Libertadores y la Intercontinental de 1994, la Interamericana y la Supercopa Sudamericana de 1996 y la Recopa Sudamericana de 1997. En el 2000, Chilavert volvió al fútbol europeo para jugar en el Racing de Estrasburgo de Francia. EN 2003 pasó a Peñarol y finalmente volvió a Vélez donde se retiró en 2004. Chila es muy recordado por patear penales y tiros libres, lo que le valió convertir 62 goles en toda su carrera, siendo el portero con mayor cantidad de goles convertidos. Sin embargo, años más tarde fue superado por el brasileño Rogerio Ceni.