Posteado por: depaloapalo | julio 29, 2011

Roberto Eugenio Flores

Cuento dedicado a Gordon Banks. Arquero inglés que en la Copa del Mundo de México 1970 realizó quizás la mejor atajada de la historia de los Mundiales tras taparle un increíble cabezazo a Pelé.

Por Pablo Colmegna

“Quiero contarlo ahora. De pronto me dio miedo olvidar esa historia. Porque si yo la olvido nadie podrá recordarla, y es necesario que alguien la recuerde”. Viste como es la gente, pierde rápido la memoria y muchas veces es injusta. Pero yo nunca me voy a olvidar del día que vencí a Roberto Eugenio Flores, el mejor arquero que vi en mi vida.

Me acuerdo como lo conocí. Éramos del mismo barrio. No teníamos un mango ahí en Soldati los dos, categoría 63 ambos, peleábamos por el mismo puesto, el más lindo para mí sin dudas: el de arquero. Vos no sabes como nos pelábamos las rodillas tirandonos ahí en las plazas, en las calles del Sur de la Capital Federal. Me acuerdo que un día cuando teníamos once años, ya éramos arqueros los dos, le aposté a Roberto a que me atajaba más penales que él. El “Gordo” González, un “morochón” que llegó a jugar en Ferro y después se fue a jugar a Centroamérica, nos pateó cinco penales a cada uno. Cuando me tocó el turno de que el “Gordo” me ejecutará el quinto y último ya habíamos atajado dos cada uno con Roberto. Si tapaba uno más, me consagraba. Me paré sobre la calle Corrales, casi llegando a Mariano Acosta y lo estudié a González de pies a cabeza: “Este “Gordo” cagón es diestro, encima es amigo de Roberto y a mí mucho no me quiere, seguro la cruza y le da con alma y vida a media altura para que me vaya a casa con una derrota” pensé. Después, para estar mas seguro de mi mismo agregué: “Le voy a hacer un juego de piernas. Primero le amago que voy a mi izquierda y cuando agacha la cabeza para darle me zambulló a la derecha”. Y así fue nomás, lo tiro a mi derecha y a mi derecha me arrojé y lo contuve, pero con un problema. En el suelo, junto al palo armado con buzos nuestros, había un vidrio roto de una botella. Ahí caí con el codo apenas le saqué el penal al “Gordo” y te juro que fue el dolor más grande de mi vida. Veinte puntos de sutura me dieron en el brazo. Encima no sabés la cagada a pedos que me comí de mi viejo y de mi vieja. No quisieron que fuera más a jugar a la calle y ni bien me recuperé me llevaron a probarme a Huracán, donde atajé hasta los 17 años. Después anduve vagando por varios clubes de ascenso.

La historia de Roberto Eugenio Flores no hace falta mucho que te la aclaré: debut en la primera de River con tan sólo 16 años, venta a la Lazio de Italia a los diecinueve años, primer Mundial disputado con la selección nacional a los veintidós, quince títulos internacionales, dos Copa América y dos medallas de Oro olímpico, vuelta al fútbol argentino para despedirse en su amado River Plate y trágico final de vida, ya siendo ex jugador, cuando se mató en la Ruta Nacional 3, tras volcar con su camioneta camino hacia el Sur del país, cuando iba para Bahía Blanca para ser el entrenador de Olimpo de esa ciudad.

Ahora, como te decía antes. Yo siempre fui un arquero medio pelo si me comparas con “Robert”, como yo cariñosamente le decía. Pero en Soldati, cuando éramos pibitos yo le gané un torneo de penales una vez. Y estoy seguro de que si no te lo hago recordar a vos y a la gente del barrio cada dos por tres, nadie se va a acordar de mí. Nunca.

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